El verdadero amor.

¿Cómo distingues el verdadero amor? –me parece haber escuchado a alguien preguntar, pero la voz surgió dentro de mí, yo estaba preguntándome basado en lo poco que he visto, experimentado o en su defecto, escuchado. Y la verdad es que, está es la cosa con el amor, lo que yo considero que es el amor...

Distingo el verdadero amor de la siguiente manera: 

El amor no se marcha, no te deja, no te olvida. El amor es la presencia cuando la ausencia asfixia. El amor es el abrazo cálido cuando el frío invierno silba en tu alma. El amor, es el sonido tardío de una risa ahogada por el dolor. El amor es permanecer en los innumerables defectos de quien puede estar a tu lado.  

¡El amor, oh, veo el amor como aquel soldado que guarda la espalda de su compañero! Veo el amor, como quien se ofrece como escudo para salvar la integridad de alguien más. Sí, aunque el miedo baile déspota por el torrente sanguíneo, aunque el ceño se frunza, aunque un sudor gélido decida morar en las vertebras. El amor verdadero es ese en el que ya no importas tú, donde tu bienestar es reemplazado por el de alguien más, pero no como quien impone una ley, sino como quien entrega su tesoro más grande, por mero placer, por mera entrega. 

Y repito, el amor no se marcha, aunque el miedo amenace como una lanza que pide ser clavada en el costado de un hombre, aunque una corona de espinas reclame ser exhibida en la cabeza de alguien; El amor permanece aunque látigos laceren las razones. El amor es tardío para reconocer los errores, pero apresurado para besar las virtudes; Besar con palabras un corazón cansado de escuchar los traspiés basados en la torpeza y no verdadera intensión. 

El amor es reírse ante un mal chiste, solo porque la intensión de aquel que lo contó era hacerte sonreír. El amor es entender a quien te lastimó, porque solo das lo que recibes, porque si te arropan es porque alguien más los arropó, pero si sucede lo contrario, si te exponen, es porque alguien más lo hizo con ellos antes. Y eso está bien, pero insisto, el amor no se marcha, no te deja, no te olvida.
 

Por eso, no todos aman, así distingo el verdadero amor: Por la presencia.

 Sentencio a quienes reclaman una perfección que no dan, que no existe humanamente. Exigen virtudes que ni ellos mismos poseen, que ni ellos mismos han alcanzado. El amor se basa en esos pequeños actos de valentía, locura, simpleza. Pequeños actos que una vez ausentes, y solo en la soledad, te das cuenta que no necesitabas nada más. Que la perfección es relativa y subjetiva. Que lo que quieres, no necesariamente es lo que necesitas, que eso que quieres no necesariamente, es lo mejor. 

Simplemente permanece, echa raíces en algún lugar, entrega, baila así tengas dos pies izquierdos, aunque tus manos no coordinen con tus pies, ¡Baila! Ríe y abraza todo lo que puedas, dedica poemas, canciones, escribe cartas a mano ¡Canta como si alguien necesitará escuchar tu desaliñada voz! Toca una y otra vez, pero toca el alma, no necesitarás tus manos, no necesitarás ninguna otra cosa más que tú presencia. Cierra los ojos, ama, déjate amar. 


               Y perdona si insisto, pero el verdadero amor, no se marcha, no te deja, no olvida.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares