Escribiría.

 


Aquella noche, cuando la conversación era lo suficientemente profunda me preguntó en tono serio: “Si hoy fuese tu último día en la tierra, ¿Qué harías hoy?”. Como la pregunta venía de mi mejor amiga, quien no plantea situaciones melancólicas a la ligera, respondí con la seriedad debida.

Escribiría, alegué casi de inmediato. Y a medida que argumentaba estaba segura de ello; si tuviese la certeza de que hoy es el último día de mi vida, me hundiría como los músicos del Titanic. Usaría todo mi tiempo y lo invertiría escribiendo. Porque cruzar el océano atlántico para abrazar a mi familia me tomaría mucho tiempo, porque la teletransportación no es una realidad y porque soy consciente de que, escribiendo, también puedo abrazar, plantar y derribar.

Escribiría sinceramente, esperando que un ciego pudiera leerme, y un sordo, escucharme. Escribiría ambiciosamente, esperando que pudieras ser consolado. Escribiría apasionadamente, para derribar cualquier argumento imponente e inestable que se interponga entre ustedes. Escribiría para recordarte que eres amado, y que, aunque tus acciones son tuyas, nada de lo que hagas cambiará lo que Él hizo aquel día en el calvario, muerto de miedo… muerto de amor.

Escribiría y te contaría como mi pluma se rehúsa a garabatear sobre algo y/o alguien que no sea Él; que, aunque comience hablándote sobre el polo norte, termino contándote cómo fue que un Rey incomprensiblemente tierno, derritió todos mis glaciares. Y que, cuando quiero expresar que soy una roca irreverente, tosca y salvaje, te cuento que… después de sus brazos, soy un diamante.

Que “mía” es solo una palabra, hasta que él la pronuncia. “Mía”, de sus labios, es el paraíso. Y que “suya”, es lo más digno que siempre seré. Que fui una paloma y un fénix. Un pecador que lo alcanzó Su gracia.

Y que cuando caía, estaba conmigo y cuando lograba ponerme de pie, me miraba y sus ojos no titubeaban: Una vez más. -Decían.

Te contaría que mi color favorito es Él.

Que el mejor abrazo es su consuelo.

Que mi comida favorita son sus palabras.

Que mi defensa es su Nombre.

Y la garantía de que todo estará bien, son sus promesas.

Que no duerme cuidándome.

Que contó, acumuló y guardó cada una de mis lágrimas, como un tesoro… porque le importaban.

Que nadie me trató con tanto cuidado y valor. Que fue mi bebida y mi refugio. 

Que tuve todo, pero nada nunca me llenó tanto como Él.

Te contaría cómo el Rey más poderoso de todos los tiempos, por siempre y para siempre, fue un León y un cordero. Por su reino… por mí.

Le diría a mi madre que el 24 de diciembre me dejó mi padre, y en marzo de hace una década, conocí a mi Papá; verdadero y responsable. Le diría que soy polvo, y Él, el aliento de vida. Que soy una vasija, y Él el agua viva, el vino eterno.

Y que todos mis caminos, me llevan a Él.

Escribiría, porque estoy perdida e irrevocablemente enamorada de Él.

Escribiría, porque no lo merezco… pero me desea.

Sí, escribiría.


Comentarios

  1. Rosana...

    Cuanto Amor desbordan estas líneas...

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  2. Mi amada Rosi, segura estoy que apartir de tus líneas muchos empezan a vivir.

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  3. Tus escritos desbordan una pasión contagiosa. Es fascinante.

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  4. No puedo hacer otra cosa que ponerme de pie y aplaudir semejantes palabras.

    Esto es vida. Edificado, construyes, levantas.

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  5. Auténticas palabras de un corazón genuinamente enamorado. Precioso, simplemente precioso.

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