La próxima vez.



Aunque sin vendas,
a ciegas me encuentro en éste encuentro. 
Y aunque derretido el velo
que nubló el entendimiento,
estoy aprendiendo.

Con Tú encuentro,
encuentro las respuestas a éste misterio.
Que retumba como eco, en esto que siento.

¿Qué debería hacer?
Amarme a mí misma.
Debería amarme a mí misma.

El misterio enterrado,
que debe ser desterrado.

Y la dureza de ésas letras
que recito a la ligera
antes de que siquiera, floreciera.

¿Qué debería hacer?
Amarme a mí misma.
Debería comenzar por amarme a mí misma.

Lo nublado, que debe ser despejado.

Y cortar lo que amenaza a mis alas.
Se trate de llamas, o escamas.
Porque me llamas a amar a otros, como a mí misma.

¿Qué debería hacer?
¿Debería decirte que no puedo amar a otros,
porque no sé amarme a mí misma?
¿Debería excusarme diciendo que los logros de otros los celebro,
pero que los míos los condeno?

Hm, no es lo suficientemente bueno.” 
–Me repruebo cuando se trata de mi esfuerzo-

¿Qué debería hacer?
Amarme a mí misma.
Debería amarme a mí misma.
No ciegamente, pero sí piadosamente.
Para cumplir Tú petición y descubrir ése precioso misterio

¿Sabré amar a otros sino me sé amar a mí misma?
¡Estaría amando hipócritamente!
Sí, porque se supone que debo amar, como me amo a mi misma.

La próxima vez que me mire al espejo,
miraré la cruz que conquistó un trono eterno por amor a mí
Y me amaré piadosamente.

La próxima vez diré:
“Lo has hecho bien” en lugar de lacerarme.
La próxima vez…
Condenaré las duras palabras que recité exclusivamente para mí.

La próxima vez que escuche mi nombre, voy a amarme a mí misma.
A mi voz, a mis líneas, y a todo lo que soy…

Para poder amarte genuinamente a ti, a tus líneas, y a tus sombras…
Entonces habré entendido el misterio…

La próxima vez no te amaré ciegamente,
pero sí compasivamente.
Como a mí misma…
Y te revelaré éste gran misterio.

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