Forastera.




D
esde que tengo memoria he llevado conmigo una maleta que guarda no solo mi ropa sino también mis sueños, mis anhelos y una pequeña –gran- inconformidad. Cuando llegaba la noche pensaba en muchas cosas con carácter de sublevación que se desvanecían como polvo al chocar con la mañana y con mi realidad, pero ni aún el alba desvanecía esos pensamientos cuando llegaban los días malos:

 “no tengo un lugar” “no hay un lugar para mí”

 Aunque estuviese bajo mi techo, en mi propia cama. En la cama que compré con mi propio esfuerzo, que viste el color que quiero y que cuido que no tenga ni un solo pliegue.

Debía ser suficiente, ¿no?

 Pero, aunque estuviese bajo el techo de alguien más, durmiendo en el lujoso piso de porcelana también pensaba lo mismo. Sea cual fuese la situación pensaba en mi maleta a un costado de la habitación. Pensaba que no pertenecía, aunque tratara de acomodarme como piezas de un tetri, no encontraba mí lugar.

No importa en qué lugar esté, no está mi lugar.
¡Qué inconforme! ¡Qué malagradecida! ¡Qué desdicha esto!

Así que como digno ser humano que soy, buscaba atribuir culpas. Pensaba en mi padre, que nunca fue mío. Y la lista no se hacía cada vez más pequeña, ¡al contrario!

Pero luego crecí y Uno entre diez mil sanó mi corazón. Ya no había necesidad de atribuir culpas, pero mi maleta continuaba conmigo y mi pensamiento también:
“no pertenezco aquí”

Más tarde lo descubrí y, haciendo uso del honroso acto de la verdad, la verdad es que no pertenezco aquí. Solo soy un extranjero en mis propias tierras y mi maleta continua recordándomelo.

Solo estoy de paso, y mi maleta me lo sigue diciendo.

Solo soy un extranjero que viene de un Reino y gobierno diferente, con una lengua y costumbres que chocan con la tierra que me vio nacer. Y aunque he aprendido el dialecto, y he disfrutado sus costumbres, la tierra que pisan mis pies y que es mía, no me tiene. ¡Porque este no es mi lugar! ¡Porque no pertenezco aquí por más que trate de acomodarme!

Porque, aunque estoy en este mundo y milito aquí, mi corazón está junto a mi Padre, en su Reino de amor que es violento para defenderme y mostrarme Su pureza. Porque, aunque estoy en este mundo, mi tesoro está en ÉL y es ÉL.

Extranjera.

Forastera.

Porque soy un individuo que reside aquí, pero no soy de aquí.

Extranjera.

Forastera.


Porque nací aquí, pero antes fui concebida en el corazón de mi Padre.

Extranjera.

Forastera.

Porque solo estoy de paso…
Y mi maleta continúa recordándomelo.

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